¡Usted Pasó el Año?

Samuel Cardozo

¡Usted Pasó el Año?

¡Usted Pasó el Año?

0
(0)

¡Usted Pasó el Año? | Bosquejos Bíblicos

Bosquejos Bíblicos Lectura Bíblica: “Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.” Oseas 6:6

Tema: Evaluando Nuestro Crecimiento Espiritual

Este bosquejo bíblico llama a una autoevaluación espiritual honesta. Así como los estudiantes son evaluados al final del año escolar, también nosotros, como creyentes, debemos examinar si hemos crecido en el conocimiento de Dios, en la práctica del amor, la misericordia, el servicio, la compasión y la mayordomía cristiana. Basado en Oseas 6:6, se nos recuerda que Dios desea obediencia y conocimiento, no solo actividad religiosa.

Introducción

Por estas épocas de fin de año es común escuchar a los padres decir: “Mi hijo pasó el año” o preguntar a otros padres: “¿Su hijo pasó el año?”, refiriéndose a si aprobó el año escolar y todas las materias. Hoy, entendiendo que cada domingo asistimos a la escuela dominical, debemos hacernos la misma pregunta: ¿Hemos pasado el año en nuestra formación espiritual?

Este año hemos tenido cerca de 50 clases dominicales con diferentes temas, cada predicación con un enfoque único que busca transformar nuestra vida. La pregunta es: ¿Realmente hemos crecido espiritualmente o seguimos en el mismo nivel? En el siglo XVIII, la economía se basaba en la agricultura y la artesanía, y la energía provenía de animales y personas. Luego, James Watt inventó la máquina de vapor, lo que dio inicio a la Revolución Industrial.

La demanda de mano de obra era tan alta que incluso se empleaban niños en las fábricas. Fue en este contexto que Robert Raikes, periodista cristiano, creó la escuela dominical para enseñar a los niños no solo en lo académico, sino también en la fe. Con el tiempo, los gobiernos ofrecieron educación gratuita y separaron la formación académica de la espiritual. Hoy, la escuela dominical sigue siendo fundamental para nuestro crecimiento en la fe.

Pero debemos preguntarnos:

  • ¿Hemos aprendido realmente en la escuela dominical?
  • ¿Hemos crecido en el conocimiento de Dios?
  • ¿En qué nivel espiritual nos encontramos? Si un estudiante pasa por diferentes niveles académicos, desde preescolar hasta doctorado, ¿por qué muchos cristianos, después de décadas en la iglesia, siguen en el nivel básico de la doctrina?

I. Doctrinas Básicas del Cristianismo

Para medir nuestro crecimiento, debemos conocer las enseñanzas fundamentales:

a) Las Cinco Solas de la Reforma Protestante

  • Solo Cristo: Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5).
  • Solo fe: La salvación es por la fe en Cristo y no por obras (Efesios 2:8-9).
  • Solo gracia: No somos salvos por méritos propios, sino por la gracia de Dios (Romanos 3:24).
  • Solo Escritura: La Biblia es la única autoridad en materia de fe y conducta (2 Timoteo 3:16).
  • Solo a Dios la gloria: Todo lo que hacemos es para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31).

b) Los Siete Pilares Universales del Cristianismo

  • Dios Creador: El universo y la humanidad fueron creados por Dios (Génesis 1:1).
  • Encarnación de Jesús: Dios se hizo hombre en Jesucristo (Juan 1:14).
  • Muerte y resurrección: La base de nuestra fe es la resurrección de Cristo (1 Corintios 15:17).
  • Redención del pecado: Cristo nos redimió con su sacrificio (Efesios 1:7).
  • Promesa de vida eterna: Dios nos ofrece la eternidad con Él (Juan 3:16).
  • Centralidad del amor: Amar a Dios y al prójimo es el mandamiento principal (Mateo 22:37-39).
  • Reino de Dios: Cristo vino a establecer su Reino (Lucas 17:21).

II. La Didajé: Enseñanzas de los Primeros Cristianos

Los primeros cristianos debían memorizar ciertas enseñanzas para defender su fe contra falsas doctrinas, como:

Marción: Afirmaba que el Dios del Antiguo Testamento era distinto del Dios de Jesús.

Arrio: Negaba la divinidad de Cristo y su eternidad. La iglesia se fortaleció al conocer y defender la sana doctrina.

III. ¿Aprendió este año qué es…

Ahora, pasemos a una reflexión más personal sobre lo que hemos aprendido este año. Cada uno de nosotros debe preguntarse si ha aprendido y crecido en los aspectos clave de la vida cristiana.

a. El Amor

El amor es uno de los conceptos más fundamentales de la vida cristiana, pero a menudo lo tratamos de manera superficial. El amor que define la Escritura no es solo un sentimiento o emoción, sino una acción deliberada que se basa en la voluntad de hacer el bien a otro sin esperar nada a cambio. Es un amor sacrificial, como el que Jesucristo mostró al entregarse por nosotros.

En las epístolas de Juan, por ejemplo, se nos recuerda que “Dios es amor” (1 Juan 4:8) y que el amor verdadero es aquel que se entrega por el bienestar del otro. Este amor tiene muchas facetas, pero podemos resumirlo en dos formas: el amor ágape y el amor filial.

El amor ágape es el amor incondicional, el que Dios tiene por nosotros. Es un amor que no depende de nuestras acciones, sino de la naturaleza misma de Dios.

Por otro lado, el amor filial es el amor que sentimos entre los seres humanos, una conexión emocional basada en la familia, los amigos, o la comunidad. En el contexto cristiano, este amor debe reflejar el amor de Dios, buscando siempre el bienestar y el crecimiento del otro.

Cuando un cristiano responde a un saludo con “Amén”, está afirmando, no solo el acuerdo con lo dicho, sino que está realizando una proclamación de fe y afirmación del amor de Dios. Si colocamos un énfasis en la letra “a” de “Amén”, podemos interpretar el saludo como un mandato: “Amar”.

De hecho, la raíz del término “Amén” puede entenderse como una expresión de asentimiento y afirmación de la voluntad de Dios, que para nosotros es también un recordatorio constante del amor incondicional que debemos practicar. Este concepto se relaciona estrechamente con el mandamiento de Jesús de amar al prójimo como a uno mismo (Mateo 22:39).

b. La Misericordia

La misericordia es una característica clave en la vida cristiana. La palabra “misericordia” proviene del latín misericordia, compuesta por dos partes: miseria (que significa sufrimiento o necesidad) y cor (que significa corazón). Literalmente, la misericordia se puede entender como tener un corazón lleno de compasión hacia el sufrimiento del otro.

La misericordia no es simplemente sentir pena por el sufrimiento ajeno; es una acción que resulta del sufrimiento interior al ver a otro ser humano en dolor o angustia. En las Escrituras, la misericordia de Dios es una de sus características más destacadas. A lo largo de la Biblia, Dios demuestra su misericordia al perdonar nuestros pecados, ayudarnos en nuestra necesidad, y extender su amor aún cuando no lo merecemos.

Un ejemplo claro de esto es La Parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37), en la que vemos a un hombre que, movido por misericordia, ayuda a un desconocido herido, a pesar de las diferencias culturales y sociales.

En nuestra vida cotidiana, la misericordia se refleja en nuestra disposición para perdonar a los demás, para ayudar a los que sufren, y para tratar a los demás con compasión y amor, especialmente cuando no lo merecen. La misericordia, entonces, no solo es un sentimiento, sino una práctica activa que surge del corazón. Como cristianos, estamos llamados a ser “misericordiosos como nuestro Padre celestial es misericordioso” (Lucas 6:36).

c. La Compasión

La compasión es el acto de ponerse en el lugar del otro, entendiendo su dolor y sufriendo con él. No solo se trata de entender intelectualmente el sufrimiento de los demás, sino de estar dispuestos a involucrarnos de manera práctica en aliviar ese sufrimiento. La compasión se deriva de una conciencia profunda de las necesidades y las luchas de los demás.

Es importante diferenciar entre compasión y lástima. La lástima puede implicar una distancia emocional, una sensación de superioridad: “yo soy mejor que esa persona”. Pero la compasión, por otro lado, implica un enfoque de “nosotros”, reconociendo que todos somos frágiles, que todos tenemos luchas, y que todos necesitamos la ayuda de Dios.

La compasión de Cristo se ve en su vida: sanó a los enfermos, consoló a los afligidos, y mostró un amor radical por aquellos a quienes la sociedad rechazaba. Como cristianos, estamos llamados a vivir esa compasión, participando activamente en las luchas de los demás y buscando maneras de aliviar su sufrimiento.

d. Economía Cristiana

La economía cristiana no solo trata de la administración de los recursos materiales, sino también de los valores que deben guiar esa administración. Desde una perspectiva cristiana, todo lo que tenemos es un regalo de Dios, y somos administradores de lo que Él nos ha dado. Esto incluye tanto los recursos materiales (dinero, bienes, etc.) como los recursos espirituales y emocionales (tiempo, talentos, relaciones).

La economía cristiana se basa en los principios de mayordomía, generosidad, y justicia. Jesús enseñó en muchas ocasiones sobre el manejo de los bienes materiales, subrayando la importancia de no aferrarnos a las riquezas (Mateo 6:19-21) y de compartir con aquellos que están en necesidad (Lucas 12:33). También se trata de vivir con la convicción de que nuestra verdadera riqueza no está en las cosas materiales, sino en nuestra relación con Dios y en el servicio al prójimo.

En la vida cristiana, la economía no solo se ve como un medio para adquirir bienes, sino como una herramienta para cumplir con el llamado a amar y servir. La generosidad es un principio clave de la economía cristiana, y la Biblia nos recuerda que “Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). Por lo tanto, ser generoso no solo es un acto de obediencia, sino también una forma de vivir el amor cristiano.

e. La Santificación

La santificación es el proceso de ser apartado para Dios y transformado a su imagen. En otras palabras, es el viaje continuo de un cristiano hacia la perfección espiritual, un proceso que comienza en el momento en que una persona acepta a Cristo como su Salvador, y que continúa durante toda su vida. La santificación no es algo que se logra por esfuerzo propio, sino por la obra del Espíritu Santo en nuestra vida.

Es importante entender que la santificación no es sinónimo de perfección humana, sino de un proceso continuo de crecimiento y madurez en Cristo. Implica el abandono del pecado y la conformidad más cercana a la voluntad de Dios. Este proceso de santificación no se puede medir de manera instantánea, sino que se desarrolla con el tiempo, a medida que nos acercamos más a la voluntad de Dios. Es un viaje que involucra tanto la disciplina personal como la dependencia total del poder transformador de Dios.

f. El Servicio

El servicio es una de las virtudes más profundas en la vida cristiana. Jesús mismo se definió como un siervo (Mateo 20:28), y a lo largo de su vida, mostró que el verdadero liderazgo en el reino de Dios es un liderazgo basado en el servicio. Cuando hablamos de servicio, nos referimos a un acto voluntario de ayudar a los demás, no por obligación, sino por amor.

El servicio en la vida cristiana no es solo asistir a la iglesia, sino vivir de tal manera que cada acto, cada palabra, cada decisión, esté orientada a servir a Dios y a los demás.

IV. Aprendizaje de las Circunstancias

  • ¿Nos traicionaron? Aprendimos a confiar en Dios.
  • ¿Nos robaron? Aprendimos a depender de Él.
  • ¿Tuvimos problemas familiares? Aprendimos paciencia y perdón.

Conclusión

Hoy evaluamos nuestro crecimiento espiritual. ¿Hemos pasado el año? Dios no busca sacrificios, sino conocimiento y obediencia (Oseas 6:6). Que al cerrar este ciclo podamos decir con certeza: “Este año avancé en mi fe y conocimiento de Dios”.

© Samuel Cardozo. Todos los derechos reservados.

Central de Sermones | Bosquejos Bíblicos

¿Qué tan útil fue esta publicación?

¡Haz clic en una estrella para calificarla!

Samuel Cardozo
Autor

Samuel Cardozo

Le sirvo al Señor y deseo serle fiel hasta el final predicando la palabra de Dios en todo momento.

Deja un comentario