1
Pedro 3:3-5 “Bendito el Dios y
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según
su grande misericordia nos hizo renacer para
una esperanza viva, por la resurrección de
Jesucristo de los muertos, para una herencia
incorruptible, incontaminada e inmarcesible,
reservada en los cielos para vosotros, que
sois guardados por el poder de Dios mediante
la fe, para alcanzar la salvación que está
preparada para ser manifestada en el tiempo
postrero”.
Tenemos una patria celestial, una herencia
incorruptible reservada en los cielos para
todos nosotros los hijos de Dios, para los
que perseveramos en la fe; tenemos un viaje
por emprender y un camino por recorrer, así
es el pasar de la vida del hombre, aquí en
la tierra y luego de ella, hasta la
eternidad; nuestro viaje a la eternidad
tiene una partida o principio, un camino o
trayectoria y una meta o final.
Quién podría subir a un medio de transporte,
si no conoce el lugar de partida o no tiene
su pasaporte, el pasaje en mano, o no conoce
el destino de su viaje, ¡Nadie verdad!, es
lógico que nadie conciente subiría a un
barco sin guía y sin destino, porque
navegaría a la deriva.
Hay solo dos caminos que el hombre puede
transitar en esta vida, el camino de la
salvación y el camino de la perdición,
Mateo 7:13 “Entrad
por la puerta estrecha, porque ancha es la
puerta, y espacioso el camino que lleva a la
perdición, y muchos son los que entran por
ella”; y hoy hablaremos en este mensaje
de nuestro viaje a la eternidad, un viaje
que todos están llamados a emprender.
El camino a la salvación puede ser, o no,
placentero según como cada uno lo quiera
vivir, pero para todos los que lo emprendan
y perseveran en su trayectoria, llegarán a
un final feliz. Algunos de los creyentes se
embarcaron en el viaje de la salvación
mirando un solo objetivo, llegar a la patria
celestial, sin miedos, ni dudas, ni
zozobras, seguros y sorteando todas las
furiosas olas del mar que se levantaban para
amedrentarlos y evitar que sigan adelante,
porque saben quién es su capitán, en quién
han confiado y puesto toda su esperanza, en
quién tiene todo el poder para sacarlos de
todas las pruebas y aflicciones,
Mateo 8:23-26 “Y
entrando él en la barca, sus discípulos le
siguieron. Y he aquí que se levanto en el
mar una tempestad tan grande que las olas
cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron
sus discípulos y le despertaron, diciendo.
¡Señor, sálvanos, que perecemos! El les
dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?
Entonces, levantándose, reprendió a los
vientos y al mar, y se hizo grande bonanza”.
Otros se desviaron de su trayectoria, están
navegando sin destino por no estar firmes en
lo que han creído, son como las olas del mar
arrastradas de un lugar a otro,
Santiago 1:6,
son como nubes sin agua movidas por
cualquier viento de doctrina; hombres que se
dejaron engañar sin mirar las graves
consecuencias de su error,
Efesios 4.14 “para
que ya no seamos niños fluctuantes, llevados
por doquiera de todo viento de doctrina, por
estratagema de hombres que para engañar
emplean con astucia las artimañas del error”.
Los creyentes que no estén afirmados y
cimentados en la sana doctrina de Jesucristo
están corriendo un grave peligro en estos
tiempos, 1 Timoteo 4.1
“Pero el Espíritu dice claramente que en
los postreros tiempos algunos apostatarán de
la fe, escuchando a espíritus engañadores y
a doctrina de demonios”.
El enemigo se está manifestando a través de
las falsas doctrinas, la apostasía se está
moviendo en el ámbito cristiano; el tiempo
de la venida del Señor Jesucristo está
cerca, Satanás lo sabe y anda como león
rugiente buscando a quién devorar porque
sabe que el tiempo que le queda es corto,
1 Pedro 5:8;
este es un tiempo de peligro y riesgo para
la iglesia del Señor Jesucristo donde el
pueblo verdadero del Señor deberá afirmarse
muy bien en la fe y el conocimiento de la
verdad para no ser movidos por el error.
Están los otros hombres,
que directamente desembarcaron, que no
quisieron seguir adelante, no quisieron
tomar el compromiso de perseverar ni de
obedecer; se hicieron necios creyendo que
podrán ser librados de la ira venidera,
Romanos 1:21 “Pues
habiendo conocido a Dios, no le glorificaron
como a Dios, ni le dieron gracias, sino que
se envanecieron es sus razonamientos, y su
necio corazón fue entenebrecido”.
Abandonaron al Salvador de sus almas, al
único que tiene poder para librarlos de la
muerte eterna, dejaron el camino justo y
verdadero para seguir en sus propios caminos
de maldad; Dios le ha dado libertad al
hombre para escoger entre lo bueno y lo
malo, el hombre que se pierde es por su
propia voluntad, Jesucristo el Santo vino
para que el mundo sea salvo de la ira
venidera, pues solo en Él hay salvación,
pero el hombre que desecha la gracia dada
por Dios a través del sacrificio el Señor
Jesucristo, solo le queda por recibir el
castigo eterno,
Hebreos 10.29.
El Señor Jesucristo ha sacrificado su vida
por todos los pecadores, para que todos
reciban la salvación y la vida eterna, el
hombre que amó más la maldad que su alma ya
tiene establecido su paga, porque la paga
del pecado es muerte, ellos conociendo a
Dios le aborrecieron, amando más la
oscuridad y las tinieblas, que la luz y la
vida eterna en Cristo Jesús,
Juan 3.18-19 “El
que en él cree, no es condenado; pero el que
no cree, ya ha sido condenado, porque no ha
creído en el nombre del unigénito Hijo de
Dios. Y esta es la condenación: que la luz
vino al mundo, y los hombres amaron más las
tinieblas que la luz, porque sus obras eran
malas”.
En nuestro viaje a la eternidad tenemos
varios requisitos que cumplir para
finalmente llegar a nuestro destino:
1. Tener el pasaje, el pasaporte: Si usted
no tiene su pasaje en mano no podría
emprender ningún viaje, ¿verdad?,
Hechos 4:12 “Y
en ningún otro hay salvación; porque no hay
otro nombre bajo el cielo, dado a los
hombres, en que podamos ser salvos”; así
es en el camino de la salvación, nuestro
pasaje y pasaporte es nuestro Señor
Jesucristo, el pagó nuestro pasaje a la vida
eterna, pagó un precio sumamente caro,
derramando su sangre por el perdón de
nuestros pecados en la cruz del Calvario
para que hoy y siempre, el hombre que lo
desee pueda emprender el viaje gratis a la
eternidad, sin costo alguno, creyendo en el
autor y consumador de la fe, nuestro Señor
Jesucristo, Romanos
3:23-26 “por cuanto todos pecaron,
y están destituido de la gloria de Dios,
siendo justificados gratuitamente por su
gracia, mediante la redención que es en
Cristo Jesús, a quién puso por propiciación
por medio de la fe en su sangre, para
manifestar su justicia, a causa de haber
pasado por alto, en su paciencia, los
pecados pasados, con la mira de manifestar
en este tiempo su justicia, a fin de que él
sea el justo, y el que justifica al que es
de la fe de Jesús”.
2. Debemos conocer el punto de partida:
Quién podría tomar un medio de transporte si
no conoce cual es el lugar de partida,
¡nadie verdad!, en el camino a la salvación
tenemos la fe en el Señor Jesús, es la
puerta que nos abre y nos traslada al reino
de los cielos. La fe en el Señor Jesús es lo
único y necesario para emprender el viaje a
la eternidad, sin fe en Jesús es imposible
de emprender el viaje a la eternidad,
Gálatas 3:23-26
“Pero antes que viviese la fe, estamos
confinados bajo la ley, encerrados para
aquella fe que iba a ser revelada. De manera
que la ley, ha sido nuestro ayo, para
llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos
justificados por la fe. Pero venida la fe ya
no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos
de Dios por la fe en Cristo Jesús”; este
es el comienzo de nuestro viaje a la
eternidad y para llegar a un buen destino
que es la patria celestial, se requiere una
relación con nuestro creador y Dios para
obtener la salvación, Dios abrió el camino
de salvación solamente a través de la fe en
su Hijo Jesucristo, Él es el único camino a
la vida eterna, Juan
14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el
camino, y la verdad, y la vida; nadie viene
al Padre, sino por mí”.
3. Necesitamos conocer el camino: En este
viaje a la eternidad que emprendemos es
necesario conocer el camino, dado que sin el
conocimiento no podríamos llegar a destino,
Juan 16: 5-11;
el itinerario y el conocimiento del camino a
buen puerto está condicionado a si nos
dejamos guiar por la luz del Espíritu Santo
y el conocimiento de la palabra de Dios,
Juan 16:13 “Pero
cuando venga el Espíritu Santo de verdad, el
os guiará a toda verdad, porque no hablará
por su propia cuenta, sino que hablará todo
lo que oyere, y os hará saber las cosas que
habrán de venir”. La Biblia es el
manual de vida para el creyente,
Efesios 6:17 “Y
tomad el yelmo de la salvación, y la espada
del Espíritu, que es la palabra de Dios”,
en la Palabra de Dios encontramos el camino
trazado para sus hijos, los que esperamos
recibir la salvación y vida eterna, y para
mantenernos en el recorrido correcto sin
temor a equivocarnos es necesario no solo el
conocimiento de la Palabra de Dios sino que
además debemos ponerla por obra, ella es la
que nos guía juntamente con el poder del
Espíritu Santo a la vida eterna,
2 Timoteo 3:16
“Toda la escritura es inspirada por Dios,
y útil para enseñar, para redargüir, para
corregir, para instruir en justicia”;
este es el camino y por él debemos andar, no
desviarnos ya que el peligro de nuestras
almas es latente, no pongamos en riesgo
nuestra salvación.
4. Tenemos un destino: Todos los que hemos
sido llamados para embarcarnos en este viaje
a la salvación sin dudas llegaremos a
destino, solo tenemos un destino feliz
aquellos que seremos salvos y es la vida
eterna junto a Dios en los cielos,
Hechos 13:48;
si perseveramos en el camino que ya ha sido
trazado por nuestro Señor Jesucristo,
seremos salvos porque tenemos una ciudadanía
en los cielos que nos espera, Cristo fue a
preparar morada para nosotros y vendrá y
llevará a todos los que son de él,
2 Corintios 5:1 “Porque sabemos
que si nuestra morada terrestre, este
tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios
un edificio, una casa no hecha de mano,
eterna en los cielos. Y por esto también
gemimos, deseando también revestidos de
aquella nuestra habitación celestial”.
La perseverancia es lo que nos llevará a
desembarcar en la tierra celestial, estos
son los que han de ser salvos,
Mateo 10:22;
recibir la vida eterna es la recompensa para
todos aquellos que han podido resistir y
vencer, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo, en este mundo de opresión y
dolor, pero Gloria a Dios, la venida de
nuestro Señor Jesucristo está cerca y su
recompensa con él,
Apocalipsis 22:20-21 “El que da
testimonio de estas cosas dice: Ciertamente
vengo en breve. Amén; si, ven, Señor
Jesús.
Bendito sea nuestro Dios y Padre, que siendo
aún pecadores, nos preparó de antemano una
salvación tan grande por la fe a través de
su Hijo Jesucristo, el pasaje para
embarcarnos en el viaje a la vida eterna ya
está pago, Cristo nos aseguró la entrada al
reino de los cielos por su sacrificio en la
cruz, pagando por todos nuestros pecados y
reconciliándonos con nuestro Padre
Celestial; el camino ya está trazado para
todos los hijos de Dios que quieran
disfrutar de la salvación y vida eterna, no
perdamos entonces el viaje, emprendamos
confiadamente y sin dudar el viaje a la
eternidad.