Nos hallamos frente a un tiempo en que
muchos mantienen las glorias pasadas como
carta de presentación, y entonces echan un
velo sobre éstas para que los demás no vean
que las mismas han ido decreciendo hasta
dejar de existir; son éstos quienes emplean
los conocimientos humanos y mediante ellos
pretenden engañar al pueblo de Dios tal como
nos dice la Palabra que “hubo
también falsos profetas entre el pueblo,
como habrá entre vosotros falsos maestros,
que introducirán encubiertamente herejías
destructoras, y aun negarán al Señor que los
rescató, atrayendo sobre sí mismos
destrucción repentina. Y muchos
seguirán sus disoluciones, por causa de los
cuales el camino de la verdad será
blasfemado, y por avaricia harán
mercadería de vosotros con palabras
fingidas”
2
Pedro
2:1-3.
Es tiempo de que el
pueblo de Dios adquiera madurez espiritual
en el Señor,
dejando de alimentarse solamente con leche
para hacerlo ya con alimento sólido, pues
“todo
aquel que participa de la leche es inexperto
en la palabra de justicia, porque es niño;
pero el alimento sólido es para los
que han alcanzado madurez, para los que por
el uso tienen los sentidos ejercitados en el
discernimiento del bien y del mal”
Hebreos 5:13-14;
es tiempo en que sea el mismo pueblo de Dios
quien discierna los espíritus que se mueven
a su alrededor a fin de tomar distancia de
aquellos que solo les llevarán a la
perdición y alejamiento del Señor.
Es
lamentable ver como preciosos siervos del
Señor permanecen errantes o en
congregaciones donde no se predica la sana
doctrina, y mas lamentable es cuando vemos
que lo hacen no por falta de conocimientos
sino a consecuencia de que no permiten que
sea el Espíritu Santo quien les redarguya e
indique donde establecerse; no permiten que
sea el Espíritu quien les guíe pues se
sienten atraídos por las glorias aparentes
que dan la antigüedad en la obra, el tamaño
de la congregación, si la alabanza es
bonita, o cuantas otras cosas irrelevantes,
y sin darse cuenta, están desechando o
postergando el ministerio o la obra de Dios
en sus vidas.
Son éstos los que han dejado que su
pensamiento, la mente y el corazón se cubra
con un velo que les impide ver más allá, y
está dado fundamentalmente por la falta de
conversión verdadera al Señor; ese velo es
el que les impide ver la gloria verdadera
del Espíritu manifiesta en sus vidas, la
gloria que les brinda la libertad en Cristo,
y se ocupa de ocultar aquellas que ya han
sido abolidas por el Señor a consecuencia de
resultar obsoletas o por haberse desviado de
la sana doctrina sus poseedores.
Frente a esta realidad existente en el
pueblo de Dios, es que nos resulta necesario
estar muy atentos a la voz y guía del Señor
a fin de podernos quitar el velo que nos
ciega para impedirnos ver la gloria
verdadera de Cristo, y que es la que nos
lleva a andar de gloria en gloria, de
victoria en victoria, en la libertad que
solo Jesús nos puede brindar; son éstos los
que “Irán de poder
en poder;
(y) Verán a Dios en Sion”
Salmo 84:7.
Leamos la Palabra de Dios en
2 Corintios 3:11-17
“Porque si lo que
perece tuvo gloria, mucho más glorioso será
lo que permanece. Así que, teniendo tal
esperanza, usamos de mucha franqueza;
y no como Moisés, que ponía un velo
sobre su rostro, para que los hijos de
Israel no fijaran la vista en el fin de
aquello que había de ser abolido.
Pero el entendimiento de ellos se embotó;
porque hasta el día de hoy, cuando leen el
antiguo pacto, les queda el mismo velo no
descubierto, el cual por Cristo es quitado.
Y aun hasta el día de hoy, cuando se
lee a Moisés, el velo está puesto sobre el
corazón de ellos. Pero cuando se
conviertan al Señor, el velo se quitará.
Porque el Señor es el Espíritu; y
donde está el Espíritu del Señor, allí hay
libertad”.
En
estos tiempos, como siervos de Dios vemos
cómo preciosos ministerios son desechados o
postergados por aquellos a quienes el Señor
se los entregara, a consecuencia de
permanecer obnubilados por lo que un día
vieron, o con su conocimiento embotado como
dice la Palabra en lo literal de la Palabra
escrita que les mantiene aún en el Antiguo
Testamento, pero lejos del Espíritu que vino
a derramar Jesucristo en el Nuevo
Testamento; eso les impide su desarrollo
espiritual y hacer la obra del Señor en
plenitud, ya que nos dice la Escritura que
“recibiréis poder, cuando haya venido
sobre vosotros el Espíritu Santo”
Hechos 1:8.
Cuando Moisés descendió de hablar con Dios,
su rostro resplandecía de tal manera que
debió cubrirlo con un velo pues el pueblo no
podía soportar tal resplandor, y ese velo
permanece sobre el corazón de los judíos
cuando leen la ley, eso les impide ver la
gloria de Jesucristo; pero hay también un
velo que cubre el corazón y la mente de
aquellos que se quedaron soñando con el
tiempo pasado, con la rigidez de la Ley que
comenzaba a fenecer al tiempo que Jesús
crecía para mostrar su gloria, ya que
“aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre
nosotros (y vimos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre), lleno de gracia y de
verdad” Juan
1:14.
La
gloria del viejo pacto era pasajera, poco a
poco iba palideciendo tras el velo que
cubría el rostro de Moisés; y no tan solo
que se eclipsa frente a la gloria del
evangelio, sino que llega a desaparecer ante
la eternidad del nuevo pacto establecido por
Dios y sellado con la sangre de Jesucristo.
Y
cuanto creyentes han endurecido sus mentes
por no comprender que toda la gloria del
pasado es transitoria, pasajera como la
manifestación de la gloria en el rostro de
Moisés; cuantos hay que se niegan a
reconocer que deben avanzar hacia los nuevos
horizontes y servicios que el Señor les
presenta; cuantos se niegan a avanzar aún
conociendo la dirección que el Espíritu les
marca, sabiendo que allí les espera la
bendición y la culminación de la obra de
Dios en sus vidas; sucede que un velo cubre
su mente y corazón, el velo de la
desobediencia y rebeldía.
“Y aun hasta el día
de hoy, ….., el velo está puesto sobre el
corazón de ellos. Pero cuando se
conviertan al Señor, el velo se quitará”
vs 15-16; es
la remoción del velo producida por una
verdadera conversión la que brinda la
posibilidad de ver y disfrutar la gloria del
Señor, es la vivencia del Señor en nuestro
interior la que nos vivifica,
1 Corintios 15:45,
llevándonos de gloria en gloria y de
victoria en victoria pues solo llenos del
Espíritu Santo obtendremos el poder
necesario para cumplir con nuestra misión en
Cristo en su plenitud,
Hechos 1:7-8.
Es
la conversión, humildad y obediencia la que
te permitirá ver la gloria de Dios en tu
caminar cristiano, tanto en tu vida terrenal
como en tu ministerio o trabajo para el
Señor; entonces “Si, pues, habéis
resucitado con Cristo, buscad las cosas de
arriba, donde está Cristo sentado a la
diestra de Dios. Poned la mira en
las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida
está escondida con Cristo en Dios.
Cuando Cristo, vuestra vida, se
manifieste, entonces vosotros también seréis
manifestados con él en gloria”
Colosenses 3:1-4;
quita ahora el velo que te impide ser lleno
del Espíritu Santo y del poder de Dios,
recuerda que eres su templo, “¿O ignoráis
que vuestro cuerpo es templo del Espíritu
Santo, el cual está en vosotros, el cual
tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”
1 Corintios 6:19,
y que “donde está el Espíritu del Señor,
allí hay libertad” para servirle como y
donde Él te lleve para que puedas ver su
gloria.
CONCLUSIÓN:
Moisés debió cubrir su
rostro con un velo para que la gloria de
Dios que reflejaba no hiciera daño al
pueblo, y ese mismo velo es el que cubre los
corazones de aquellos que se niegan a
dejarse guiar por el Espíritu Santo hacia el
lugar correcto, al sitio en donde serán
bendecidos y desarrollarán el propósito para
ellos establecido por el Señor.
La
mente de muchos siervos y siervas del Señor
se halla embotada detrás del velo que el
enemigo extiende frente a sus ojos para
hacerles creer que detrás se encuentra aún
la gloria de Dios; Pablo nos dice que
quitemos el velo, que dejemos de pensar en
la gloria del pasado, ya que ésta, junto con
la Ley, se ha agotado en cuanto a su
utilidad para dar paso a la gloria
manifiesta de nuestro Señor Jesucristo.
La
gloria pasada debía ser velada por cuanto el
pueblo no tenía capacidad para contemplarla,
pero cuando Jesús murió, el velo fue rasgado
de arriba abajo y la gloria de Dios se
manifestó en plenitud de gracia y amor, y
los cristianos pueden ahora ver la gloria
sin velo, y esto es lo que les hace cambiar
“hasta que todos lleguemos a la unidad de
la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a
un varón perfecto, a la medida de la
estatura de la plenitud de Cristo;
para que ya no seamos niños
fluctuantes, llevados por doquiera de todo
viento de doctrina, por estratagema de
hombres que para engañar emplean con astucia
las artimañas del error, sino que
siguiendo la verdad en amor, crezcamos en
todo en aquel que es la cabeza, esto es,
Cristo” Efesios
4:13-15.
Es
tiempo de que los cristianos quitemos el
velo de nuestro corazón y de nuestra mente
para permitirnos ver a Jesús; es ahora
cuando los creyentes debemos despojarnos
“de todo peso y del pecado que nos asedia, y
corramos con paciencia la carrera que
tenemos por delante, puestos los
ojos en Jesús, el autor y consumador de la
fe” Hebreos
12:1-2.
Ha llegado el tiempo en
que los verdaderos hijos de Dios sean
obedientes a los mandatos del Señor y dejen
de esconderse tras el velo de lo que vieron
en el pasado, del anhelo de pertenecer a una
multitudinaria congregación, o desarrollar
un ministerio solamente en donde haya
cientos o miles; es tiempo que hagamos como
Pablo, quien “olvidando
ciertamente lo que queda atrás, y
extendiéndome a lo que está delante,
prosigo a la meta, al premio del
supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”
Filipenses 3:13-14.
Es
tiempo de quitarnos el velo para ver la
verdadera gloria de Dios, caminando hacia
nuestro ministerio en la guía del Espíritu
Santo, y con nuestra mirada puesta en que
“nosotros todos, mirando a cara descubierta
como en un espejo la gloria del Señor, somos
transformados de gloria en gloria en la
misma imagen, como por el Espíritu del
Señor” 2
Corintios 3:18.