La resurrección de Cristo
Hechos
2:32-36
Introducción.
La
resurrección de Cristo no es un acto independiente, desconectado
de la cruz. La cruz y la resurrección no deben ser considerados
como dos eventos salvíficos separados sino como dos aspectos
de un solo acto redentor en Cristo Jesús. Su relación es
clara por el hecho de que los evangelistas presentan los
sufrimientos y muerte de Cristo íntimamente conectados con
su resurrección, son un evento inseparable (Mt. 16:21; 20:19;
Mr. 8:31; 9:31; 10:34; Lc. 9:22; 18:33; 24:7,46). Para el
apóstol San Pablo era necesario que el Cristo muriese y
que fuese resucitado de los muertos (Hch. 17:3) para ser
Señor de los vivos y los muertos (Ro. 14:9). Este evento
doble constituye el contenido de la fe de los creyentes
(1 Ts. 4:14; 1 Co. 15:3,4). Consideremos el significado
de la resurrección y exaltación de Cristo.
I.
La resurrección de Cristo no fue un evento que él mismo
realizó, sino el resultado de la intervención dinámica del
Padre a favor del Hijo.
A.
Por lo menos veintitrés veces se dice de Dios que El levantó
a Jesús de entre los muertos haciendo la resurrección una
acción que Dios el Padre llevó a cabo en la persona de Jesús
(véase, por ejemplo, Hechos 2:24,32; 3:15,26; 4:10, etc.).
B.
Ocho veces Dios es llamado "el que resucitó",
con su gloria (Ro. 6:4) y poder (Ef. 1:19-20; Col. 2:12)
a Cristo de los muertos de acuerdo a un plan eterno por
el cual se propuso reconciliar consigo mismo todas las cosas
(Col. 1:18-20).
II.
La importancia de la resurrección de Cristo se evidencia
por lo que significó para él en su función salvífica.
A.
No importase cuán impresionante y dramática hubiese sido
su crucifixión, si hubiera permanecido en la tumba, hubiera
sido simplemente otro maestro piadoso.
B.
Sus credenciales divinas fueron anticipadas cuando dijo
a los judíos: "Destruid este templo, y en tres días
lo levantaré" (Jn. 2:19). San Juan añade que Jesús
habló del templo de su cuerpo y que cuando resucitó de los
muertos, sus discípulos recordaron que él había dicho esto
y creyeron (Jn. 2:21-22).
III.
Para los evangelistas era necesario no sólo que Cristo sufriese
y muriese sino también que se levantase de los muertos (Mt.
16:21; Lc. 9:22).
A.
Aunque es cierto que para Mateo y Lucas Cristo era el Hijo
de Dios desde el momento de su nacimiento, y para Juan Cristo
era el Hijo preexistente, filiación que según Marcos fue
anunciada en su bautismo (Mr. 1:11), para Pablo fue a través
de su resurrección que Cristo fue declarado Hijo de Dios
con poder (Ro. 1:14; Hch. 13:33).
B.
Hubiera sido muy difícil creer en la filiación preexistente
de Cristo si no hubiera resucitado de los muertos.
IV.
El señorío de Cristo también está conectado con su resurrección.
A.
Para Pablo, uno de los propósitos de la muerte y resurrección
de Cristo fue para que viniese a ser Señor de los vivos
y los muertos (Ro. 14:9), señorío que debe ser confesado
por toda lengua (Fil. 2:11).
B.
Este señorío de Cristo por causa de su resurrección es parte
de su exaltación por el Padre por la cual pudo derramar
el Espíritu sobre la iglesia (Hch. 2:32-33), llegando a
ser su cabeza (Ef. 1:22; Col. 1:18).
C.
Pero esta exaltación es más que ser el dispensador del Espíritu
y la cabeza de la iglesia: lo coloca sobre todo principado
y autoridad, poder y señorío en este siglo y en el venidero
(Ef. 1:21; 1 Co. 15:27; 1 P. 3:22; Mt. 28:18; Fil. 2:9-11).
V.
La resurrección garantiza la presencia permanente del completo
sacrificio de Cristo delante de Dios como una obra intercesora
para beneficio de los que creen.
A.
En Romanos 8:34, la seguridad de que ninguna acusación cuenta
contra los hijos de Dios es afirmada por el hecho dinámico
de la triple obra redentora de Cristo, a saber: su muerte,
resurrección e intercesión.
B.
Por lo tanto, el ministerio sacerdotal de Cristo no se limita
a su ofrenda sacrificial en la cruz; continúa para siempre
manteniendo un sacerdocio permanente (He. 7:24), que lo
habilita, en todo tiempo, para salvar a aquellos que por
medio de él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder
por ellos (He. 7:25).
C.
En este texto (He. 7:25) el poder de la función intercesora
de Cristo se indica con el tiempo presente del participio
"viviendo" y con el adverbio "siempre",
los cuales denotan una operación continua y permanente.
D.
Es de observarse que el tiempo presente también se usa en
1 Juan 2:1 en referencia al abogado: "Hijitos míos,
estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno
hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo
el justo."
VI.
Por causa de su resurrección Cristo es el juez.
A.
Por causa de su resurrección, Cristo es no sólo Señor de
los vivos y los muertos (Ro. 14:9), sino también su juez
Hch. 10:41-42).
B.
La función de Cristo en la economía de la salvación no se
limita al perdón de los pecados y la intercesión por aquellos
que creen en él, sino que se extiende para demandar una
respuesta de aquellos que rechazan su gracia; por lo tanto,
es él quien juzgará a los vivos y a los muertos (Hch. 10:41-42)
en el día que Dios ha establecido para este fin (Hch. 17:31).
VII.
La resurrección de Cristo es muy significativa para el creyente
porque es la garantía de su propia resurrección.
A.
Al creyente, a quien por causa de la resurrección de Cristo
se le ofrece bendición y conversión (Hch. 3:26), luz espiritual
(Hch. 26:23), un nuevo nacimiento (1 P. 1:3), arrepentimiento
y perdón de pecados (Hch. 5:30), y la seguridad de un intercesor
(Ro. 8:34), le es asegurada también su propia resurrección
por causa de la resurrección de Cristo.
B.
Además de los beneficios redentores que pertenecen a la
edad presente está el escatológico de la resurrección final,
porque Cristo es la primicia de los que durmieron (1 Co.
15:20), y aquellos que han sido unidos a él en su muerte
ciertamente serán unidos a él en su resurrección (Ro. 6:5;
2 Co. 4:14; 1 Ts. 4:14).
Conclusión.
Por
lo que hemos visto, entonces, la resurrección de Cristo
es importante porque declara el carácter especial de Cristo
como Hijo de Dios; lo hace Señor de todo, en esta era y
en la por venir; lo confirma como Salvador que puede interceder
por aquellos que creen en él, y como el que habrá de juzgar
a los vivos y a los muertos. La resurrección de Cristo,
además, es muy importante para el creyente porque es la
garantía de su propia resurrección.