Testimonio de cómo Dios cambió mi vida
Hola, mi nombre es Adrián Salazar Ponce,
nací en el 1989, nací con parálisis
cerebra, lo cual me impide caminar, hablar bien
y controlar totalmente mis movimientos, excepto
por mi pie derecho con el cual hago casi lo
mismo que una persona “normal”, y vivo en
Guadalupe, Nuevo León, México. Me da un gusto
enorme tener la oportunidad de compartir con
ustedes por medio de esta página cómo a partir
de que conocí y me acerqué realmente al Señor,
Él ha cambiado mi vida. Recuerdo perfectamente
la primera vez que fui a la iglesia “Camino de
Paz”, y confieso para la Gloria de Dios que yo
fui, si no es que casi casi a la fuerza, sí fue
por puro compromiso. Pero, al escuchar dos cosas
que dijo el hermano Gerardo (el cual estaba ahí
“casualmente” como predicador invitado, yo sé
que Dios lo mandó ese día para hablarme a través
de él) dentro de su predicación cambió
totalmente la forma en que yo pensaba, él hizo
dos analogías, una fue de que a veces cuando le
entregamos nuestras vidas al Señor, pasa lo
mismo que cuando regalamos un refrigerador y
nosotros lo seguimos ocupando a nuestra
voluntad. Y la otra fue que nosotros somos como
papas para Dios, pero Él no quiere papas sueltas
sino un puré de papas. Yo antes pensaba que le
había entregado mi vida a Dios, cuando en
realidad yo hacía lo que quería con ella. Y yo
decía que no necesitaba ir a una iglesia para
estar con Dios, y es verdad Dios está en todas
partes, pero como dijo el hermano Gerardo en esa
ocasión, Dios no quiere “jinetes solitarios”.
Fue el Domingo 4 de Junio del 2006 la primera
vez que fui a la iglesia “Camino de Paz” y a
partir de ese día Dios ha cambiado mi vida
drásticamente para bien. ¡GLORIA A DIOS!. Quise
hacer este preámbulo antes de dar mi testimonio
porque lo que voy a contar es una clara
demostración de cómo Dios ha cambiado mi vida.
Desde el año 2002 yo empecé a jugar “duelo de
monstruos”, me la pasaba día y noche pensando en
esas cartas, y mi mamá siempre me decía que esas
cartas eran del diablo, pero yo hacía caso omiso
a eso. Yo iba a las convenciones de comics y me
la pasaba compre y compre cartas y entre más
“poderosa” era mi baraja más quería comprar y
tener más cartas, total nunca me sentía feliz.
El 28, 29 y 30 de Julio del 2006 iba a haber una
convención a la cual yo iba a ir, para ese
entonces ya estaba cansado de escuchar a mi mamá
decirme que esas cartas eran del diablo, yo
sabía que así Dios me hubiera dicho mil veces
que esas cartas eran del diablo yo no iba a
poder deshacerme de ella,.y entonces le dije a
Dios: Señor, si a Ti no te gustan esas cartas Tú
quítamelas, aunque me duela Tú quítamelas, y
bromeando le dije “pero después de la
convención”. Total fui a la convención como
siempre. 2 semanas después íbamos a salir con mi
papá y cuando íbamos saliendo vi la pelota y le
dije que si nos la llevábamos e íbamos al parque
a jugar, y nos llevamos la pelota. Como íbamos a
ir a un lugar donde se juntaba gente para jugar
“duelo de monstruos” me llevé en una mochila mi
baraja y nos fuimos, después de estar ahí un
tiempo nos fuimos al Parque Fundidora a jugar
pelota, ahí hay un estacionamiento de paga y mi
papá se iba a meter ahí. Antes de llegar a ese
estacionamiento hay un lugar donde caben como 10
carros, pero siempre que íbamos esos lugares
estaban ocupados, pero ese día estaban vacíos y
le dije a mi papá que ahí había lugares para
estacionarse y se estacionó ahí, nos bajamos y
dejamos todo dentro del carro y nos fuimos a
jugar, cuando regresamos una puerta del carro no
tenía seguro y ya no estaba la mochila con la
que era mi baraja, en el carro mí papá tenía
herramientas y ropa y lo único que no estaba era
esa mochila. En ese momento sentí un gran dolor,
pero ese dolor se veía opacado por una
gigantesca felicidad de saber que Dios había
escuchado mi oración y me había respondido, y en
lugar de enojarme y maldecir a todo el mundo
como lo hubiera hecho antes del 4 de Junio del
2006 me puse a alabar y a adorar al Señor. Esto
me deja dos cosas muy importantes que guardaré
para siempre. La primera es que Dios escucha
todas las oraciones por más pequeñas e
insignificantes que sean, y más aún Él las
responde ¡ALELUYA!, y la segunda es que a veces
buscamos la felicidad en el dinero, vicios,
placeres mundanos, en otras personas y en cosas
materiales pero, cuando conoces al Señor todo lo
que tú pensabas que era lo más importante en tú
vida pasa a un segundo plano, porque Él te da
una felicidad real, con plenitud de gozo, que te
basta y hasta te sobra para compartir con los
demás, porque no está basada en las cosas
materiales, ¡sino en Jesús!
De todas las cartas que tenía sólo me quedé con
una, la que era mi favorita, porque sabía que
algún día me serviría para algo. La primera vez
que di este testimonio me llevé esa carta y mi
hermano y amigo Saúl la rompió delante de todos
los que estaban presentes para la Gloria de
Dios, y así terminé con eso que me mantuvo atado
por tanto tiempo.
Le agradezco a Dios por darme esta oportunidad
de compartir con ustedes un poco de lo mucho que
Él ha cambiado mi vida, y les agradezco a
ustedes por prestarme su tiempo y atención. ¡Que
Dios los bendiga!